viernes, 22 de marzo de 2013

Sospechas (1073)

"En uno de esos tantos momentos de inútil y degradante ocio, o bien pudieron ser varios pues todos ellos son iguales y casi indistinguibles, puse mi desmañado pensamiento en ese nebuloso espacio que es el futuro. Hacer esto y a la vez tratar de no perder de vista los hechos del presente ni la memoria del pasado, me llevó a conjeturar de modo breve algunos escenarios del futuro, principalmente algunos de aquellos que me parecen (y no pido perdón por incurrir en pesimismos) indeseables.
Me he permitido preveer un mundo menos diverso en muchos aspectos. Sí, menos diverso biológicamente, con menos especies y cada vez más aisladas y dependientes de nuestra protección; sí, más homogéneo culturalmente conforme las poblaciones se urbanizan y comienzan naturalmente a hablar, pensar, actuar como un sólo grupo, así como más homogéneo globalmente (si bien esto pueda tardarse mucho más) por el esfuerzo que se ha hecho por hacer que todos llevemos un estilo de vida más o menos similar; pero también menos diverso a nivel intracultural, en el cual la agitada marea de fruslerías mundanas inundan nuestras frágiles mentes, haciendonos incluso creer que alguna de esas nimiedades representa la más excelsa creación del hombre. También vislumbro que ante la mayor posibilidad de intercambio comunicacional se generarán más posibilidades para difundir el conocimiento, indiscutiblemente (para mí) la más eficiente arma de liberación humana. Dependerá de nuestras versiones futuras el que la situación anterior sea sanamente aprovechada.
Tengo la sospecha de que seguiremos atados a inevitables lastres históricos que en la mayoría de ocasiones aclamamos con fervor místico-religioso, y que en el fondo no nos dejan más que debilidades sociales. Esto no debe entenderse como un rechazo al conocimiento de la historia, sino lo contrario, la necesidad de librarla, mediante su difusión no tergiversada, del necrófilo uso que muchas veces se le da. Sospecho también, en el mismo orden de ideas, que seguiremos mutilando nuestra historia, llena de capítulos interesantes con hechos de los cuales se puede aprender mucho, por reprochables conveniencias ajenas. Presiento que veré a muchos individuos renunciar con parsimonia a su libertad al postrarse sumisamente ante ideas ajenas; acaso debería dudar yo mismo de mi imposibilidad de sucumbir al pecado de dejar que otro mortal coloque su venda sobre mis ojos. Tal vez como sosiego, pero no por eso menos probable, imagino que esa situación hará que algunos despierten del letargo del engaño propio al que con comodidad nos sometemos para librarnos de nuestra responsabilidad sobre el presente.
Sospecho que seguiremos flagelando las artes en nombre de una supuesta democratización, que propiamente es una masificación del uso de jugueticos, cachivaches y trebejos, que en vez de elevar las almas de los hombres hacia la redención creativa, rebaja la inventiva a la ramplonería comodona y a la haraganería. Me figuro que continuaremos con la lapidación de nuestra verdadera libertad al sacrificarla, convencidos de que son la representación del deseo divino, en favor de unos falsos ideales, con cuyos nombres nos compran aquellos un tanto menos incautos que nosotros. No se salva de este discernimiento
la casi seguridad de que la (no tan) solapada estupidización, a la cual de propia voluntad asistimos diariamente, se afianzará en tiempos venideros y se convertirá en un signo de la “modernidad” para aquellos que estudien estas épocas en un futuro más lejano (si es que llegamos allá). También imagino que exitirán los pocos y envidiables seres que logren escapar de todas estas cortinas deshumanizantes y alcancen las autopistas de la verdadera emancipación.
Por último también sospecho que todo lo anterior es una completa falacia, una farsa creada por una pequeña mente arrogante que supone el mismo tono gris en el futuro de los demás para igualarlo al propio. Una mentira más de otro de los típicos mentirosos de internet; de esos locos de plaza virtuales que tanto abundan, esos que se la pasan pregonando sus lodosas ideas, de los cuales siempre se podrá prescindir."
Iván Skroce. 

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