"En uno de esos tantos momentos de inútil y degradante ocio, o bien
pudieron ser varios pues todos ellos son iguales y casi indistinguibles,
puse mi desmañado pensamiento en ese nebuloso espacio que es el futuro.
Hacer esto y a la vez tratar de no perder de vista los hechos del
presente ni la memoria del pasado, me llevó a conjeturar de modo breve
algunos escenarios del futuro, principalmente algunos de aquellos que me
parecen (y no pido perdón por incurrir en pesimismos) indeseables.
Me
he permitido preveer un mundo menos diverso en muchos aspectos. Sí,
menos diverso biológicamente, con menos especies y cada vez más aisladas
y dependientes de nuestra protección; sí, más homogéneo culturalmente
conforme las poblaciones se urbanizan y comienzan naturalmente a hablar,
pensar, actuar como un sólo grupo, así como más homogéneo globalmente
(si bien esto pueda tardarse mucho más) por el esfuerzo que se ha hecho
por hacer que todos llevemos un estilo de vida más o menos similar; pero
también menos diverso a nivel intracultural, en el cual la agitada
marea de fruslerías mundanas inundan nuestras frágiles mentes,
haciendonos incluso creer que alguna de esas nimiedades representa la
más excelsa creación del hombre. También vislumbro que ante la mayor
posibilidad de intercambio comunicacional se generarán más posibilidades
para difundir el conocimiento, indiscutiblemente (para mí) la más
eficiente arma de liberación humana. Dependerá de nuestras versiones
futuras el que la situación anterior sea sanamente aprovechada.
Tengo la sospecha de que seguiremos atados a inevitables lastres
históricos que en la mayoría de ocasiones aclamamos con fervor
místico-religioso, y que en el fondo no nos dejan más que debilidades
sociales. Esto no debe entenderse como un rechazo al conocimiento de la
historia, sino lo contrario, la necesidad de librarla, mediante su
difusión no tergiversada, del necrófilo uso que muchas veces se le da.
Sospecho también, en el mismo orden de ideas, que seguiremos mutilando
nuestra historia, llena de capítulos interesantes con hechos de los
cuales se puede aprender mucho, por reprochables conveniencias ajenas.
Presiento que veré a muchos individuos renunciar con parsimonia a su
libertad al postrarse sumisamente ante ideas ajenas; acaso debería dudar
yo mismo de mi imposibilidad de sucumbir al pecado de dejar que otro
mortal coloque su venda sobre mis ojos. Tal vez como sosiego, pero no
por eso menos probable, imagino que esa situación hará que algunos
despierten del letargo del engaño propio al que con comodidad nos
sometemos para librarnos de nuestra responsabilidad sobre el presente.
Sospecho
que seguiremos flagelando las artes en nombre de una supuesta
democratización, que propiamente es una masificación del uso de
jugueticos, cachivaches y trebejos, que en vez de elevar las almas de
los hombres hacia la redención creativa, rebaja la inventiva a la
ramplonería comodona y a la haraganería. Me figuro que continuaremos con
la lapidación de nuestra verdadera libertad al sacrificarla,
convencidos de que son la representación del deseo divino, en favor de
unos falsos ideales, con cuyos nombres nos compran aquellos un tanto
menos incautos que nosotros. No se salva de este discernimiento
la
casi seguridad de que la (no tan) solapada estupidización, a la cual de
propia voluntad asistimos diariamente, se afianzará en tiempos
venideros y se convertirá en un signo de la “modernidad” para aquellos
que estudien estas épocas en un futuro más lejano (si es que llegamos
allá). También imagino que exitirán los pocos y envidiables seres que
logren escapar de todas estas cortinas deshumanizantes y alcancen las
autopistas de la verdadera emancipación.
Por último también
sospecho que todo lo anterior es una completa falacia, una farsa creada
por una pequeña mente arrogante que supone el mismo tono gris en el
futuro de los demás para igualarlo al propio. Una mentira más de otro de
los típicos mentirosos de internet; de esos locos de plaza virtuales
que tanto abundan, esos que se la pasan pregonando sus lodosas ideas, de
los cuales siempre se podrá prescindir."
Iván Skroce.
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