viernes, 19 de abril de 2013

Cruzada para perder la causa; Por Iván Skroce


                "Recientemente se celebraron en Venezuela (pasado domingo) las elecciones presidenciales que han debido llevarse a cabo tras la muerte del recientemente reelecto presidente Chávez. No escribiré aquí otro de los tantos “profundos” análisis sobre el proceso electoral o los resultados de este, simplemente no vale la pena hacerlo. Sin embargo expresaré brevemente mi impresión respecto a la situación actual. Ya mucha gente lo ha repetido (tanto adeptos como adversos al gobierno), los resultados emitidos por el CNE han dado como ganador a Nicolás Maduro, pero la victoria política fue para la oposición y su liderazgo representado en el candidato Henrique Capriles. Además, toda la situación posterior a mantenido esta tendencia, a pesar de las acusaciones hechas contra el último, que como mucho han hecho que aumente el rechazo hacia este en el “voto duro” del chavismo. Y aunque la auditoría mantenga como ganador a Nicolás Maduro y no exista posibilidad de imputar ni una sola mesa (el mejor escenario para el ya juramentado presidente), la oposición también venció en su lucha por hacer valer este derecho.

            Sin embargo no es ese el tema que he decidido exponer. Hoy es 19 de abril, y 203 años han pasado desde aquel hecho histórico, señalado como el primer paso hacia la secesión de Venezuela. Hay que recordar que en aquella época, si bien se vende el hecho de que, el “pueblo” (dudo que se pueda afirmar qué tan diversa era la aglomeración de personas allí) reunido en la Plaza Mayor de la ciudad de Caracas, ante el consejo del padre Madariaga, negó que quisiese seguir teniendo a Vicente Emparan como Capitán General de Venezuela, aquella lucha no gozó de apoyo mayoritario. Las clases más altas, la aristocracia colonial, los grandes terratenientes, los dueños de minas y plantaciones, hicieron de la lucha por “defender los derechos de Fernando VII”, una lucha de su clase por adueñarse del poder político, que se les tenía negado sólo por no ser peninsulares. Viendo eso en retrospectiva la lucha ya no suena tan noble, pero tiene más sentido.
La primera República, proclamada el 5 de Julio de 1811, fracasó rápidamente, y aunque Bolívar en su Carta de Jamaica culpa (nombra como una de las principales causas) al federalismo, es probable que haya influenciado más el resentimiento de la mayor parte del país hacia la aristocracia local, que no contenta con el poder económico con el cual los explotaba, también deseaba el poder político. De lo anterior extraeré, por los momentos, tres cosas:
1-      A partir de esto, Bolívar demoniza el federalismo. El centralismo se vuelve una de las principales causas de la caída de la Gran Colombia.
2-      El mayor logro de Bolívar no fue militar sino político. Lograr convencer a la gente de que la lucha no era de los Mantuanos, sino de todos los habitantes de las colonias. Un paso importante para esto fue la Declaración de Guerra a Muerte.
3-      La “rebelión popular” emancipadora, al menos al principio de la lucha, no es más que un mito.
Ciertamente hubo rebeliones de esclavos, pero no está en el mismo plano. Ellos no buscaban crear un nuevo país, sólo querían dejar de ser esclavos. Levantamientos como los de Gual y España, o los intentos de Franciso de Miranda, pasan a ser no más que intentos de unos pocos hombres con ideales liberales (bastante de moda en aquella época), que de verdad creían en un cambio. Y no es que la lucha posterior estuviese libre de este tinte ideológico (que no es marxista, es liberal), sólo que el impulso inicial tuvo más que ver con otras cosas. Pero el grueso de la población no veía con buenos ojos a estos “locos” que a punta de fusil, machete y lanza querían hacer valer su punto de vista.
            Hoy 19 de Abril se juramenta un nuevo presidente, ganador con votos prestados, de liderazgo dudoso, con un proyecto bastante contradictorio que lleva 14 años en ejecución, y que quiere hacerse ver como revolucionario; no más que el mismo atraso de siempre. Por el otro lado, un candidato que lleva en la política el mismo tiempo que lleva de ejecutado el proyecto anteriormente mencionado; que si bien es un poco nebuloso en el plan de gobierno que vende, al menos en ciertos aspectos que atañen únicamente al gobierno nacional (ya lo conocemos como alcalde y gobernador), ha consolidado un verdadero liderazgo caudillista. Ya entre los seguidores de este último se pueden ver los primeros borregos, tal como los muchos que aún tiene el difunto “Comandante Supremo”.
Entre los dos candidatos suman casi el 80% del electorado (y habría que ver, del restante 20%, cuántos siguen vivos). El presidente Chávez gozó durante años de una importante mayoría electoral que lo apoyaba. Ninguna causa es justa porque cuente con el apoyo de la mayoría de la sociedad; esto sólo hace más facil defenderla. Ninguna causa puede considerarse reprobable únicamente porque no tenga la complasencia de ninguna persona. Quizá en Venezuela, este 80% que votamos estamos equivocados y la razón  la tengan aquellos que se abstuvieron; quizá tengan razón esos trece mil y tantos que votaron por María Bolívar. Quizá, la causa de aquellos que dijeron que “No” en la Plaza Mayor de Caracas hace 203 años, hace mucho tiempo se perdió. Quizá quienes tienen la razón ya murieron y nunca nadie escucho lo que tenían por decir, jamás pudieron defender su causa perdida. Quizá esta sea también una causa perdida."

lunes, 15 de abril de 2013

Mis disculpas, quizás.

Antes que nada me tengo que disculpar conmigo, por dejar ligeramente mi blog. Hoy escribo luego de mucho tiempo, y espero a partir de ahora ser constante escribiendo.
Sin alargarme mucho, debo expresarme referente a las elecciones realizadas el pasado catorce de Abril. Los candidatos presidenciales fuertes, entre los cuales se encontraba la duda de quien sería el presidente, serían Nicolás Maduro (heredero de un gobierno inepto y sinvergüenza como el de Hugo Chávez), y Henrique Capriles Radonski.
El voto se ejerció con normalidad durante la mayoría del día, pero luego comenzaron los inconvenientes en ciertos centros de votación, hechos que lamentablemente desencadenarían, al parecer, la victoria del candidato del oficialismo.
Sin embargo hoy me convierto en un ser subjetivo: Capriles Radonski ha resultado ser, y ha demostrado ser, últimamente, un ser humano sumamente inteligente. Realizó una campaña magistral frente al candidato oficialista, permaneció con calma y con paz, y a la hora del resultado emitido por la sinvergüenza de Tibisay Lucena, nos presentó un lado fuerte, y nos dijo, en televisión nacional, que los resultados emitidos por el Consejo Nacional Electoral no son los mismos que él tenía. Y que tiene denuncias e irregularidades que sostienen el hecho de que el nuevo presidente del país, es Henrique Capriles Radonski.
Hay que analizar ambos resultados con mucho cuidado, y para eso estoy acá: Si realmente ganó el candidato Nicolás Maduro, acabaríamos de presentar un proceso bastante curioso, tendríamos, el candidato opositor, que realmente está preocupado y está trabajando por traer estabilidad al país. Un señor estudiado y con una carrera política curiosamente extensa, para su edad. Contra Nicolás, un ser que al hablar solo suelta incoherencias e improperios, que al hablar se golpea contra el micrófono, que habla con las aves y les atribuye la consciencia de un ser humano muerto, y que su segundo mayor logro en la vida laboral (luego, obvio, de ser candidato presidencial), es manejar una unidad del Metrobús de la ciudad de Caracas. Una luchas sin sentido, en donde habría ganado el peor postor.
Si vemos el otro posible escenario, el que Capriles Radonski ganase las elecciones presidenciales, y se declarase un fraude electoral en nuestro estado, lo cual todas las papeletas indican que es lo que está ocurriendo, se tendría un sistema y un estado netamente insostenible, se procedería con muchísimo cuidado a lo siguiente...

Veremos realmente que estará pasando en los próximos días.

viernes, 29 de marzo de 2013

El cuchillo de Ortiz


"Una vez andaba yo a caballo por el camino yendo a Ortiz a hacer una inspección con el jefe civil del pueblo. El viaje desde la capital había sido largo y complicado (aunque tuve la dicha de usar el novedoso ferrocarril hasta la localidad de Cagua) y aquel último trayecto no me quedó más remedio que hacerlo a lomo de aquel bonito alazán, situación a la cual no estaba muy acostumbrado. Muy a mi pesar, el tiempo que llevaba viajando de esa forma (ya con aquel, dos días) me había quedado bastante claro que no había forma en que hubiese podido andar esa vía, dadas las condiciones en las que se encontraba, en ningún tipo de carruaje. Había salido esa misma mañana muy temprano desde San Juan y el sol al mediodía, antes de caer por mi derecha, me hacía escocer la nuca y los brazos. Ya había bebido todo el contenido del odre de agua con el que me había equipado para realizar el trayecto.

Levanté la mirada y noté a un hombre sentado a la sombra sobre las raíces de un  Bucare en flor. Intenté ignorarlo pero mi vista quedó clavada en el cuchillo que tenía en la mano y en la forma en que jugaba con aquel al moscar un trozo de madera. Se detuvo y me vio viéndolo, se rio con una mueca un poco fea. Era más viejo de lo que inicialmente pensé, con las arrugas del pellejo curtidas por el sol que debía haber sufrido toda su vida. Me llamó con un gesto del brazo e inevitablemente torcí el rumbo hacia él, me apeé y me acerqué con el caballo a la cándida sombra del árbol. Hube luego de arrepentirme de esto. El suelo cubierto de naranja, al pisar las flores se desprendía un olor agradable, como el de la tierra antes de la lluvia. El anciano se levantó no sin esfuerzo y tomó un bastón, que no había notado hasta entonces, apoyado en el tronco. Se acercó muy serio con el cuchillo en la mano; debió notar mi cara de susto porque en seguida volvió a mostrar aquel gesto desdentado que asumí como una risa. Me dio el cuchillo y me dijo con aspecto súbitamente lóbrego, claramente lo recuerdo: “Toma este puñal. Si quieres vivir, volver del pueblo de Ortiz, clávalo en el corazón del cura dentro de la iglesia y luego ofrécelo al Señor en el altar”.

El viejo volvió a enseñarme por última vez los cinco dientes visibles que le quedaban en la boca, se dio la vuelta y volvió a sentarse a los pies del árbol. Esta vez ponía tranquilamente sus pequeños y vítreos ojos oscuros en el camino. Yo, pasmado por el miedo que me habían infundido esas inesperadas palabras, no percibía el rústico mango de madera de la daga en mi mano. Cuando volví a tener suficiente control sobre mi cuerpo busqué al caballo y regresé al caminó. Di un último vistazo al viejo y manejaba ahora una idéntica navaja a la que me había obsequiado, lastimando una vez más al trozo de madera. Anduve el resto del viaje al paso más rápido posible.

Llegué al pueblo a media tarde, busqué desesperadamente al jefe civil, única persona que esperaba mi llegada. Nada, el hombre había salido a un hato cercano para hablar con el respectivo dueño, y yo había de esperarlo hasta el final de la tarde. Caía más y más el sol, me acerqué a un pequeño expendio de licores, una tabernita, que había a una calle de la plaza. Bebí algunos vasos de ron buscando calmar la angustia, pero no hubo forma de tranquilizarme. Un sentimiento opresivo se había apoderado de mí y tuve la certeza de que este no desaparecería hasta que cumpliera la misión que me habían encomendado esa tarde. Sentí la hoja en mi chaleco (ese innecesario chaleco, para nada adecuado al clima de la región), como separaba algunas fibras de la tela. Pagué los tragos y me dirigí a la plaza, a la iglesia. Iba con paso firme, decidido a acabar con esto de una buena vez; que me metieran preso, que tuviese que huir de aquí a toda velocidad de nuevo hacia la capital, o mejor, hacia La Guaira, huir a las Antillas, a Jamaica, a México, a cualquier sitio, pero quería vivir y vivir libre. Entré en la iglesia y allí estaba el cura, tan anciano como aquel que había solicitado su deceso. Estaba hablando con otro hombre: no importaba, saqué el cuchillo y me acerqué. Cuando estuve a punto de perpetrar el homicidio, noté que se daba vuelta el otro. Escondí presuroso el arma, temiendo ser descubierto por mis víctimas. Al terminar de darse la vuelta lo reconocí: era el jefe civil (ya me había reunido con él en la capital).

No pude sino saludarlo cordialmente, como si nunca hubiese pensado en asesinarlo anónimamente. Me presentó al cura: era el padre Santiago. No pasé mucho más tiempo en la iglesia, el jefe civil me llevó a su casa, en la cual cené. Me presentó a su hija, en aquella época una hermosa joven de ondulante cabello castaño, ya cercana a la mayoría de edad. Pronto comenzó a hablar del tema que me trajo al pueblo y al instante retomó fuerzas el pavor que me infundía mi deber de matar al cura. Decidí no cometer aquella locura a la que me había empujado un completo extraño en una tierra desconocida para mí.

Fue así como quedé atrapado en Ortiz. Conseguí un trabajo como secretario en la jefatura. No mucho después desposé a Rosa Elisa, la hija de mi nuevo patrón. Renuncié a una prometedora carrera como burócrata en la capital, a un matrimonio más provechoso, a un clima menos inclemente. Todo por miedo, por un absurdo miedo a las breves palabras de un anciano que hace ya mucho tiempo que debe haber muerto. Aquí está el cuchillo, ahora es tuyo. Tómalo y clávalo en el corazón del cura en la iglesia y luego ofrécelo al Señor en el altar. "
Iván Skroce.

viernes, 22 de marzo de 2013

Hablemos de Música

Curiosamente he tenido la dicha de encontrarme con un profesor de la universidad, del Decanato de Estudios Generales. Específicamente del área de música.
Me ahorraré el nombre del profesor en la presente entrada.

El tener la oportunidad de convivir en clase con el profesor, me dio la oportunidad de conocer nuevas técnicas didácticas acerca de la enseñanza de la música. Y aquí va mi crítica principal, ya olvidando a Los Colores, de la música venezolana: El Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela.

Casi doscientas orquestas en todo el país, conforman el sistema de orquestas juveniles e infantiles, es decir, contamos con aproximadamente doscientos niños, y jóvenes, que tienen la posibilidad de estudiar, y tocar, instrumentos musicales dedicados al ámbito musical académico.

Excelente suena, hasta éste punto, lo que sería El Sistema. La educación que nos brinda el sistema, mediante la implementación de conservatorios y orquestas, es impresionante, si quieres ser ejecutante, o virtuoso (ésto si practicas mucho). Pero deja mucho que desear, que el músico más impresionante del ámbito académico venezolano, sea un arreglista y Director de Orquestas.

Increíblemente, este director, no es tampoco el mejor director, ni el mejor arreglista. Y a la dichosa marioneta mediática sí la llamaré por su nombre y apellido: Gustavo Dudamel.

Gustavo Dudamel no es más que una cara amigable para disfrazar las deficiencias de un sistema elitista, para el virtuoso, pero sin elitismo alguno para el que quizás sea el más importante de los trabajos como músico. La composición, el estado creativo. (En otra entrada hablaré de la composición de música, en el siglo XXI).

La creatividad del músico no se incentiva, la capacidad para ver la música como un medio de expresión, en el sistema, es completamente nula.

La música no es un postulado matemático, es un medio de expresión sonoro. Y debe ser tratado como tal. El músico de orquesta venezolano sufre del "Síndrome del músico de orquesta venezolano."

El ser humano, no puede decir que conoce la noble ciencia matemática, si sabe resolver cuatro o cinco ejercicios. Un ingeniero no es aquel que puede entender un diagrama de redes eléctricas. Un matemático es un calculista, el que puede resolver cualquier problema de índole matemática. Y un ingeniero es el que reúne todos sus conocimientos para resolver un problema particular.

Análogamente, el noble arte de la música no requiere de personas que puedan digitar de manera excelsa. Un músico es aquel que realiza música, el que la ejecuta únicamente, es un músico incompleto.

El sistema, está creando miles de músicos incompletos.

Sospechas (1073)

"En uno de esos tantos momentos de inútil y degradante ocio, o bien pudieron ser varios pues todos ellos son iguales y casi indistinguibles, puse mi desmañado pensamiento en ese nebuloso espacio que es el futuro. Hacer esto y a la vez tratar de no perder de vista los hechos del presente ni la memoria del pasado, me llevó a conjeturar de modo breve algunos escenarios del futuro, principalmente algunos de aquellos que me parecen (y no pido perdón por incurrir en pesimismos) indeseables.
Me he permitido preveer un mundo menos diverso en muchos aspectos. Sí, menos diverso biológicamente, con menos especies y cada vez más aisladas y dependientes de nuestra protección; sí, más homogéneo culturalmente conforme las poblaciones se urbanizan y comienzan naturalmente a hablar, pensar, actuar como un sólo grupo, así como más homogéneo globalmente (si bien esto pueda tardarse mucho más) por el esfuerzo que se ha hecho por hacer que todos llevemos un estilo de vida más o menos similar; pero también menos diverso a nivel intracultural, en el cual la agitada marea de fruslerías mundanas inundan nuestras frágiles mentes, haciendonos incluso creer que alguna de esas nimiedades representa la más excelsa creación del hombre. También vislumbro que ante la mayor posibilidad de intercambio comunicacional se generarán más posibilidades para difundir el conocimiento, indiscutiblemente (para mí) la más eficiente arma de liberación humana. Dependerá de nuestras versiones futuras el que la situación anterior sea sanamente aprovechada.
Tengo la sospecha de que seguiremos atados a inevitables lastres históricos que en la mayoría de ocasiones aclamamos con fervor místico-religioso, y que en el fondo no nos dejan más que debilidades sociales. Esto no debe entenderse como un rechazo al conocimiento de la historia, sino lo contrario, la necesidad de librarla, mediante su difusión no tergiversada, del necrófilo uso que muchas veces se le da. Sospecho también, en el mismo orden de ideas, que seguiremos mutilando nuestra historia, llena de capítulos interesantes con hechos de los cuales se puede aprender mucho, por reprochables conveniencias ajenas. Presiento que veré a muchos individuos renunciar con parsimonia a su libertad al postrarse sumisamente ante ideas ajenas; acaso debería dudar yo mismo de mi imposibilidad de sucumbir al pecado de dejar que otro mortal coloque su venda sobre mis ojos. Tal vez como sosiego, pero no por eso menos probable, imagino que esa situación hará que algunos despierten del letargo del engaño propio al que con comodidad nos sometemos para librarnos de nuestra responsabilidad sobre el presente.
Sospecho que seguiremos flagelando las artes en nombre de una supuesta democratización, que propiamente es una masificación del uso de jugueticos, cachivaches y trebejos, que en vez de elevar las almas de los hombres hacia la redención creativa, rebaja la inventiva a la ramplonería comodona y a la haraganería. Me figuro que continuaremos con la lapidación de nuestra verdadera libertad al sacrificarla, convencidos de que son la representación del deseo divino, en favor de unos falsos ideales, con cuyos nombres nos compran aquellos un tanto menos incautos que nosotros. No se salva de este discernimiento
la casi seguridad de que la (no tan) solapada estupidización, a la cual de propia voluntad asistimos diariamente, se afianzará en tiempos venideros y se convertirá en un signo de la “modernidad” para aquellos que estudien estas épocas en un futuro más lejano (si es que llegamos allá). También imagino que exitirán los pocos y envidiables seres que logren escapar de todas estas cortinas deshumanizantes y alcancen las autopistas de la verdadera emancipación.
Por último también sospecho que todo lo anterior es una completa falacia, una farsa creada por una pequeña mente arrogante que supone el mismo tono gris en el futuro de los demás para igualarlo al propio. Una mentira más de otro de los típicos mentirosos de internet; de esos locos de plaza virtuales que tanto abundan, esos que se la pasan pregonando sus lodosas ideas, de los cuales siempre se podrá prescindir."
Iván Skroce. 

domingo, 17 de marzo de 2013

Yendo a la Feria del Libro.

Antes que nada la nombraré con su nombre completo: "Feria Internacional del Libro de Venezuela". Quizás con algunas limitaciones, debido a los obvios problemas que presenta el país, de los cuales creo que no hace falta mencionarlos en la entrada actual, ya para ello dedicaré una entrada completa.
Hoy tuve la oportunidad de asistir, verla y comprar un par de clasicazos, uno que ya leí, y que debía tenerlo en físico, y otro el cual debo admitir que me da ligera vergüenza no haber leído: Un Mundo Feliz, de Aldous Huxley.
También tuve excelente compañía, y me encontré gente en el lugar, un día bastante agradable, con viento y sin complicación alguna. Únicamente me quejaré de una cosa:
Señores gobernantes, y ciudadanos que van por la vida alabando todo lo que hacen los seres que se autoproclaman seguidores de la figura mesiánica que representa nuestro ciudadano ex-presidente, ustedes están promocionando un evento que exalta figuras intelectuales, presentan posibilidades de acceso al conocimiento, pero está completamente canalizado a lo que sería el propagandismo político.
No es aceptable que restrinjan el acceso al conocimiento para canalizarlos a sus ideas, y así adoctrinar a una población, básicamente crean una sociedad llena de borregos, que piensan como vosotros queréis que lo hagan.
¿Por qué no es aceptable? Porque cada quien tiene derecho a elegir el camino que quieren, y a elegir su camino, lo que leerán. Si vosotros dais opciones, creáis una sociedad rica en cultura y en verdadero "DESARROLLO HUMANO", del que tanto habéis estado hablando.
Sin embargo, estoy consciente de que estoy pecando de ingenuo, puesto que en este país las posibilidades de que los chistes que tenemos como políticos, realicen algo en pro de que eso ocurra, son despreciables.

viernes, 15 de marzo de 2013

Recurrencia

"Debo anunciar antes de empezar, que no soy el administrador de este blog ni su habitual escritor: mi nombre es Iván Skroce y, ahora que vuelvo a ser partícipe y no sólo usuario de internet, en lo sucesivo (cada viernes) discurriré mis adocenados pensamientos en este espacio. Debe entenderse que esto obedece principalmente a la necesidad de una válvula de escape para lo que sea que ocurre en mi mente. 
Empezaré hablando un poco de la actualidad a la cual como venezolano no puedo escapar. Hace diez días murió, o así se nos dijo, un hombre (aunque algunos lo anuncien como algo más) y, si bien nunca compartí sus ideas, me ha parecido una atrocidad, indeseable incluso a los enemigos, todo el circo armado alrededor de este suceso. Más repudiable lo hace el que los realizadores sean quienes dicen defender la memoria y el proyecto del hombre. Y si además consideramos que a él le parecía una cosa de degenerados el acto de exponer cadáveres, la hipocresía transluce aún más. Es deplorable que el señor Maduro use tan pérfidamente la memoria, el nombre y hasta el cuerpo de Hugo Chávez; y como guinda del pastel, el hombre bandera de la oposición para estas elecciones, Henrique Capriles, si bien de un modo más solapado, comete actos de un genero parecido. Los muertos se pudren, si no los entierras huelen mal y corremos el riesgo de enfermarnos los vivos; esa es la razón por la cual enterramos a los muertos. Aquí van diez días que no lo hacemos, pero contrario a los hechos narrados por la frase anterior, somos los vivos los que nos hemos empezado a pudrir. Por otra parte, aún cuando se supone que este es un país de convicciones democráticas, donde el ciudadano es el soberano, parece que alcanzar cargos públicos importantes te confiere mayores derechos, tanto en vida como al acabarse esta. Sin ánimos moralistas incurro en la bastante gastada expresión “todas las muertes son igual de malas”, que en este país tiene un cariz distinto si consideras que en promedio durante los últimos tres años han muerto 20.000 personas cada año por causas violentas. Es cuestión de cordura y equilibrio: una muerte ha causado la inactividad e improductividad del país por más de una semana, las otras apenas son una estadística. Vemos usualmente en esta clase de problemas (y los otros también) una prueba de que los políticos venezolanos no sirven, y no es que se pueda afirmar lo contrario, pero esa frase es una insensatez. Se elegirá en un mes otro presidente pero el país seguirá igual de mal sin importar quien gane porque el problema no son los políticos, somos todos nosotros los venezolanos.  
Saltemos a otro tema que sea menos vergonzoso que el ocupado en el párrafo anterior. En la antigüedad, Claudio Ptolomeo describió un sistema solar en el cual la Tierra ocupaba el centro, la luna, el sol y las estrellas giraban en torno a esta siguiendo trayectorias circulares, pero los demás planetas seguían trayectorias epicíclicas; esto es, giraban en círculos alrededor de un centro que giraba él mismo alrededor de la Tierra siguiendo su propia trayectoria circular. Tras más de dieciocho siglos hemos logrado una mayor comprensión de la configuración del sistema solar. Incluso ya hace siglos que fue aceptado el hecho de que la Tierra gira alrededor del sol 
No es que en la época de Ptolomeo la gente tuviese un nivel intelectual menor, sólo querían compaginar sus ideas con sus observaciones. Ellos observaban que los planetas erraban en trayectorias extrañas al ser vistos desde la Tierra, no seguían el patrón circular de los cielos, que para ellos era el patrón perfecto. Cegados por estas suposiciones (la perfección del circulo y el geocentrismo) los griegos aceptaron el modelo Ptolemaico, ya que se correspondía mejor con sus creencias. Ciertamente el sistema era lo suficientemente funcional, describía y predecía (en cierta medida) el movimiento de los planetas. En situaciones como esta se han encontrado a lo largo de la historia diversos ámbitos del conocimiento humano. 
Esta obnubilación es típica de nosotros los humanos al ir en busca de “la verdad” y nos guía hacia ideas absurdas en muchas ocasiones. Embutimos nuestras ideas en la realidad hasta que cuadren satisfactoriamente, así tengamos que echar mano a recursos raros y rebuscados como una trayectoria epicíclica. Hoy en día mucha gente hace eso en todos los aspectos de la vida humana, desde las ciencias hasta la vida diaria. Esto hay que cambiarlo, cambiar un poco esa actitud natural: cuando encuentres una explicación a una duda que tenías, bien sea que la hayas encontrado tú o que la haya encontrado otro, examínala con ojos críticos, y aunque te parezca satisfactoria, si te parece demasiado complicada, empieza la búsqueda de otra solución más elegante. Y tampoco quiero decir que esto sea una fórmula para alcanzar “la verdad” que ansiamos, no lo es; pero al menos evita que nos estanquemos en el mediocre pantano de la conformidad. Entiéndase además que cuando recomiendo este procedimiento lo que quiero promover es la crítica, hacia los demás y hacia uno mismo, y este pensamiento crítico hay que aplicarlo en casi todo lo que se haga: desde política hasta gustos artísticos, desde el pensamiento científico al filosófico. Aunque esto hay que manejarlo con moderación, la crítica ciega y sin argumentación engendra el caos. A todos nos gusta la comodidad, tener certeza de lo que sabemos, pero es conveniente buscar un equilibrio entre la cómoda aceptación y la desordenada crítica."